Yo no sé de la luna. Tu eres la melodía de los grillos y una oración caliente al último viento. El muge hasta el alba cuando la muerte se posa desnuda en su sombra. Nosotros agitamos pañuelos en la noche y los astros sedientos de realidad bailan con vosotros. Ellos ocultan sus cuernos para carnalizar sus sueños enfermos. 

He dejado de pensar. ¿Es suficiente lo que estamos haciendo?. No me preocupa la multitud, sino su entusiasmo. Solo me respondo. Miradas quemadas hojean el viento y el corazón de alguien humea en Andalucía.

El poeta habla de astros azules, de nubes, de surfear marejadas sonriendo a las mareas y a la luna como quien habla a la ferocidad del mar atizado por el viento. Habla de esa salvaje sensación de amarse y morirse en una puñalada. La noche se deja iluminar por la presencia de un hombre en un mar de dudas y el amor de un beso puede tener como destino el mar.

Hoy este look impuesto, imperfecto de un estilo audaz, que marca el carácter y la mirada sobre el mundo es la garantía de una antigüedad siempre joven. En casa, en el trabajo o en el supermercado debes convertir el rigor en celebración. Al salir de la ciudad en un viaje sin sentido puedes entrar en un “coffeeshop” con miedo a equivocarte y pedir una taza de café (o algo un poco más fuerte), y pagar las consecuencias.  Somos el atrezzo enfático mas de moda de la cultura postmoderna líquida. Ahora, antes de besar, preguntar.

Notas escritas en Spiaggia Monterosso Al Mare uno de esos días en que en el Centro Cultural Gran Capitán se expone “Dios Iberoamericano” de Juan Manuel Díaz Burgos.

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